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Haití, lección para México
El año comienza con una tragedia en Haiti. Un sismo de 7.3 grados en escala de Richter y trece réplicas más de menor intensidad --el de México, en 1985, fue de 7.8 grados-- destruyó la ciudad capital de ese país, conocido por su arraigada tradición espiritista y práctica del vudú. Dos edificios emblemáticos se derrumbaron, entre muchos otros: el Palacio de Gobierno y la Catedral. Se dice que el presidente haitiano ha sobrevivido, pero ahora deberá enfrentar esta lamentable crisis que deja muchas lecciones para México.
Varias han sido las profecías que se refieren a un tercer terremoto devastador en México. En 1957, un terremoto hizo caer la cabeza del Ángel de la Independencia. En 1985, la catástofre fue mayor y golpeó principalmente a los edificios públicos en el centro de la ciudad de México que habían sido construidos defectuosamente y con materiales de baja calidad, dejando al descubierto la corrupción política. Pero el tercer terremoto, que según las profecías será igualmente devastador, mostraría a la población y al mundo, la corrupción espiritual en la que está sumida nuestra nación, tal como está sucediendo ahora en Haití.
Nuestro deber como Iglesia es interceder por nuestro país y clamar por misericoridia, predicar el Evangelio a toda criatura antes que sea demasiado tarde. ¿En verdad es necesario que haya un terremoto para despertar la conciencia de la gente y de esa manera se vuelva a Dios? Quizá en nuestra disposición a servir al Señor esté el evitar una catástrofe más.
PUBLICACIÓN: 2010-01-13 10:56:08hrs.
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