GALLETAS DESPEDAZADAS (Relato para niños)

por Ma. J. S. Villarreal de M. 11/03/2026 0 comentarios

imagen 1

—¡A que no sabes qué! —exclamó Tía Carlota después de saludar a Toño con un beso. —Tío Beto me habló por larga distancia a mi trabajo para decirme que mañana pasan él y su familia por aquí; van camino a ver a Mamá Grande.

El rostro de Toño se iluminó. El estaba pasando sus vacaciones con su Tía Carlota pero aunque se divertía mucho en el jardín mientras su tía trabajaba, tenía ganas de jugar con otros niños. Tía Carlota no tenía niños de su edad pero Tío Beto tenía dos niños que sí eran más o menos de su edad.

Tía Carlota empezó a guardar los comestibles que le habían obsequiado sus amistades cuando venía caminando de su trabajo a la casa. Siguió diciendo, --Quisiera poder hacer un postre para la comida mañana, pero vamos a tener que aguantarnos. Tengo que entregar estas toallitas de la Señora Mendoza mañana y no puedo dedicar el tiempo a ninguna otra cosa.

Empezando a poner la mesa, Toño frunció el ceño muy pensativo. Tía Carlota se ayudaba vendiendo toallitas tejidas y necesitaba este dinero para poder cubrir todos sus gastos. Pero, como Toño había visto a su mamá hacer unas galletas exquisitas muchas veces, hasta le había ayudado... ¡Tal vez él las podría hacer para el postre!

Al pensarlo, Toño abrió su boca: Tía, ¿qué tal si yo hago el postre?—Tía Carlota se detuvo. —¿Tú?..! ¿Hacer el postre para mañana? Pero ¿cómo?

—Es muy fácil, Tía—, explicó Toño, —le he ayudado a Mamá muchas veces a hacer unas galletitas muy sencillas. Sólo requiere harina, azúcar, sal y manteca, cosas que usted tiene a la mano. Luego, después de ser horneadas se revuelcan en azúcar con canela.

—¿Crees que lo puedes hacer, Toño?

—¡Sí! ¡Sí! Hasta las puedo hacer ahorita después de la merienda.

—¡De acuerdo!-contestó Tía Carlota alegremente, y los dos se pusieron a preparar el café y el pan tostado para merendar.

Después de recoger la loza y tener un breve tiempo de oración, juntos, Tía Carlota se fue a sentar en el sillón mientras Toño empezó a sacar lo que necesitaba para las galletas y a preparar la masa. La casita radiaba de gozo y paz mientras la tía tejía, cantando himnos y el sobrino amasaba. Después de un tiempo Tía Carlota dejó de tejer tanto como de cantar. ¿Qué era ese ruidito que oía? Alzando la vista, vio a Toño esforzándose para extender la masa con el palote mientras unas grandes lágrimas corrían por sus mejillas.

Empezó a orar por el problema sin saber de qué se trataba. Tía Carlota dejó sus toallitas para ir al lado de Toño. Un vistazo le contó la historia. Había usado demasiada manteca y provocó que la masa se rompiera fácilmente, al cortar la galleta (en crudo) y tratar de levantarla, se rompía.

—No sé qué pasa-, dijo Toño cabizbajo. Cada vez que le ayudo a Mamá sale bien.

—Está bien, Toño—, le consoló su tía-, vamos a ver qué podemos hacer.

Las lágrimas de Toño cesaron mientras Tía Carlota empezó a añadirle harina a la masa, luego tantito té de canela, luego más harina, siempre amasando vigorosamente. Por fin le dio una fuerte palmeada. —¡Ya, vamos a extenderla para ver si ya no tenemos galletas despedazadas!

Así fue, al extender Toño la masa y cortar las galletas, se pudieron levantar sin romperse. Una sonrisa brotó en sus labios. ¡Gracias, Tía!

—No hay por qué darlas, mi hijo, contestó Tía, y dejó al joven panadero para ir a terminar su tejido. Pero al ratito sintió ella algo raro y nuevamente dejó de tejer. Toño estaba parado junto a la mesa, observando a Tía Carlota, habiendo olvidado las galletas.

—¿Qué te pasa, Toño? ¿Necesitas que te ayude?— preguntó Tía. Toño meneó la cabeza. —No, estoy tratando de comprender todo lo acontecido; no me explico cómo usted me vino a ayudar con tan buen gusto, cuando yo sin necesidad me había metido en este aprieto de las galletas y usted tiene que acabar de tejer esas toallas; en vez de ayudarle, yo le quité su tiempo. No obstante, usted con muy buen gusto dejó todo para ayudarme. Hubo algo inexplicable para mí, cuando usted me comenzó a dar su ayuda, se me quitó la tristeza; Tía, no sé cómo darle las gracias por dedicarme su tiempo.

Tía Carlota dejó su tejido a un lado para abrazar a Toño. —Sí, me va a costar reemplazar el tiempo que perdí, Toño, eso es cierto, pero ¡gané algo mucho mejor!

Hay un versículo en Proverbios 3:27 que dice, "No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo." Como hijo de Dios, tú eres dueño del bien y aunque me iba a costar tiempo de ayudarte y ¿sabes?, cuando obedecemos la Palabra de Dios recibimos tantos beneficios... tuve la dicha de ver tus lágrimas tornarse en una sonrisa y aunque tenga que trabajar tarde mi trabajo es más liviano por estar feliz, porque tú estás feliz.

Toño le dio otro fuerte abrazo a Tía Carlota y exclamó: —¡Qué bueno que somos hijos de Dios! ¡Creo que con Su ayuda esas galletas salieron deliciosas!

______________________________________

PARA MEMORIZAR: "No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo" (Proverbios 3:27).

0 comentarios hasta ahora

Escribe un comentario

Añada un comentario ¡Sus datos están protegidos! Su correo electrónico no será publicado. No compartimos la información de nuestros usuarios con terceros. Todos los campos son requeridos.