La Iglesia cristiana en Myanmar, heredera de Adoniram Judson, se convierte en el principal salvavidas ante la crisis agravada por el terremoto

Fuente: Redacción UC 17/04/2026 0 comentarios

La Iglesia cristiana en Myanmar, heredera de Adoniram Judson, se convierte en el principal salvavidas ante la crisis agravada por el terremoto

MYANMAR, 16 de abril de 2026. Un año después del devastador terremoto de magnitud 7.7 que sacudió el centro de Myanmar el 28 de marzo de 2025, el país sigue sumido en una de las peores crisis humanitarias de su historia moderna.

El sismo, que dejó más de 3,800 muertos y cientos de miles de desplazados, golpeó a una nación ya destrozada por más de cinco años de guerra civil tras el golpe militar de 2021.

En medio de la destrucción, la obstrucción de la junta a la ayuda internacional y el colapso de los servicios básicos, la Iglesia cristiana local —heredera directa de la obra misionera del pionero estadounidense Adoniram Judson— ha emergido como uno de los pocos actores capaces de responder con rapidez y eficacia a la emergencia.

El terremoto del 28 de marzo de 2025, con epicentro cerca de Mandalay y a lo largo de la falla de Sagaing, destruyó miles de hogares, templos, escuelas y hospitales en las regiones de Sagaing, Mandalay, Naypyidaw y partes de Shan y Bago. Miles de personas quedaron atrapadas bajo los escombros y millones perdieron sus medios de vida.

La ONU advirtió que el desastre empujó a 17 millones de personas al borde del colapso humanitario. Sin embargo, la respuesta oficial fue lenta y selectiva: la junta militar bloqueó el acceso a zonas controladas por grupos étnicos armados y fuerzas de resistencia, mientras continuaba con ataques aéreos incluso durante los primeros meses posteriores al sismo.

La Iglesia, en primera línea de la ayuda

Ante la parálisis estatal y las restricciones a las organizaciones internacionales, las iglesias cristianas locales —especialmente las bautistas, evangélicas y católicas — fueron las primeras en llegar a las comunidades afectadas. Organizaciones como Caritas Myanmar, CAFOD (Catholic Agency for Overseas Development) y redes de iglesias bautistas locales distribuyeron comida, agua, refugios de emergencia y kits de higiene a decenas de miles de familias en las primeras semanas. Un año después, siguen trabajando en la reconstrucción de viviendas, la recuperación de medios de vida y la atención psicológica a los sobrevivientes.

“La Iglesia no solo llevó ayuda material; trajo esperanza donde muchos habían perdido todo”, relató un coordinador de ayuda de Caritas Myanmar. En aldeas remotas donde la junta no permitía el paso de convoyes internacionales, los pastores y voluntarios cristianos locales lograron entregar asistencia usando sus propias redes comunitarias.

Herederos de Adoniram Judson

Esta respuesta no es casual. Myanmar cuenta con una de las comunidades cristianas más vibrantes del sudeste asiático, fruto directo de la obra pionera de Adoniram Judson (1788-1850), el misionero bautista estadounidense considerado el “padre del movimiento misionero moderno”. Judson llegó a Birmania (hoy Myanmar) en 1813, tradujo la Biblia completa al birmano tras décadas de trabajo, sufrió prisión y persecución, y plantó las primeras iglesias bautistas entre los birmanos y los pueblos étnicos.

Hoy, más de dos siglos después, las iglesias bautistas —especialmente entre los pueblos chin, kachin y karen— son herederas directas de ese legado. Representan una parte significativa de los aproximadamente 4 millones de cristianos en Myanmar (alrededor del 6-7 % de la población). En las zonas más afectadas por el terremoto, muchas de estas congregaciones funcionan como centros de distribución de ayuda y puntos de referencia para los desplazados.

“Judson nos enseñó a servir a la gente en medio del sufrimiento. Hoy estamos haciendo exactamente eso”, comentó un pastor bautista de la región de Mandalay en una reciente entrevista con medios cristianos internacionales.

Mientras la junta militar prioriza el control político y la represión, y la ayuda internacional se ve obstaculizada por sanciones, restricciones y desconfianza, las iglesias locales continúan llenando el vacío humanitario. Su presencia en las comunidades más remotas y su credibilidad entre la población les permiten operar donde otros no pueden.

En un país marcado por la guerra, la pobreza y ahora las secuelas de un terremoto histórico, la Iglesia cristiana no solo está reconstruyendo casas y vidas: está recordando al pueblo de Myanmar que, incluso en la oscuridad más profunda, la luz del servicio y la esperanza sigue brillando. El legado de Adoniram Judson, dos siglos después, continúa salvando vidas.

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