El `Mencho´ extorsionaba a pastores e iglesias
Fuente: Redacción UC 26/02/2026 0 comentarios
MÉXICO. 26 de febrero de 20028. El narcotraficante abatido en México por las Fuerzas Especiales, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, solía extorsionar a pastores e iglesias cristianas.
En diversas regiones de México, pastores cristianos y comunidades religiosas han denunciado durante años un patrón de extorsión, amenazas y hostigamiento por parte de grupos del crimen organizado, especialmente del Cártel Jalisco Nueva Generación, organización liderada durante años por Nemesio Oseguera Cervantes.
Las denuncias señalan que iglesias evangélicas y católicas en estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Veracruz han sido presionadas para pagar “cuotas de protección”, conocidas comúnmente como “cobro de piso”, una práctica que el cártel aplica también a comerciantes, transportistas y empresarios.
En comunidades rurales y ciudades medianas, pastores han relatado que miembros del crimen organizado se presentan en templos para exigir pagos periódicos a cambio de permitir que la congregación continúe reuniéndose.
En algunos casos, los criminales también han intentado controlar actividades comunitarias, como:
- Eventos religiosos
- Campañas de ayuda social
- Reuniones juveniles
- Programas de asistencia a personas con adicciones
El objetivo, según testimonios recogidos por organizaciones religiosas, es evitar que las iglesias influyan en jóvenes que los grupos criminales buscan reclutar.
En varias regiones, pastores han afirmado que quienes se niegan a pagar enfrentan amenazas, vigilancia o incluso el cierre forzado de templos.
El CJNG, fundado alrededor de 2010 y considerado uno de los grupos criminales más poderosos del país, ha expandido su influencia a numerosos estados de México y a otras regiones del continente.
Además del narcotráfico, la organización ha diversificado sus actividades criminales hacia:
- Extorsión
- Secuestro
- Tráfico de personas
- Robo de combustible
- Lavado de dinero
Este modelo económico ha llevado a que sectores tradicionalmente ajenos al crimen, como iglesias o asociaciones civiles, también se conviertan en blancos de presión.
El hostigamiento a iglesias forma parte de un contexto más amplio de violencia contra espacios religiosos en México. De acuerdo con reportes de organizaciones especializadas, más de 1,300 ataques contra templos y recintos religiosos fueron registrados en 2024, incluyendo robos, amenazas, profanaciones y extorsiones.
Aunque no todos estos casos están vinculados al mismo grupo criminal, líderes religiosos han señalado que el crimen organizado ha dejado de considerar los templos como espacios intocables.
Muchos líderes cristianos que trabajan en comunidades afectadas por el narcotráfico desarrollan ministerios dirigidos a jóvenes en riesgo, personas con adicciones y familias afectadas por la violencia.
Precisamente por ese trabajo social, algunos pastores se han convertido en figuras incómodas para organizaciones criminales que dependen del reclutamiento de nuevos miembros.
En ciertos casos, iglesias han optado por suspender reuniones nocturnas o trasladar cultos a horarios diurnos, mientras que otras han reducido actividades públicas para evitar confrontaciones con grupos armados.
Organizaciones religiosas y defensores de derechos humanos han pedido en repetidas ocasiones al gobierno mexicano garantizar la seguridad de comunidades de fe y ministros religiosos, especialmente en zonas donde el crimen organizado ejerce fuerte control territorial, pero no han obtenido la respuesta necesaria.
La violencia del narcotráfico sigue siendo uno de los mayores retos para México, y el caso de las iglesias muestra cómo el fenómeno impacta incluso a instituciones dedicadas al servicio comunitario y espiritual.
Para muchos pastores, el desafío continúa siendo predicar esperanza en medio de un entorno donde la fe y el crimen organizado se encuentran, a veces peligrosamente, en el mismo territorio.


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